Las granadas de Lozano

Luis Alberto Arellano

Luis Alberto Arellano on meksikolainen runoilija ja kirjallisuuskriitikko. Hän on julkaissut mm. kirjat Erradumbre, De pájaros raíces el deseo ja Plexo y Bonzo. Arellanon espanjankielinen blogiteksti Las Granadas de Lozano käsittelee kääntämisen mahdottomuutta sekä kieltä uuteen muottiin pusertavia valintoja, joita on tehtävä runoutta käännettäessä. Blogitekstinä julkaisemme kolmiosaisesta tekstistä toisen osan.
Koko teksti: Las granadas de Lozano – Luis Alberto Arellano

Luis Alberto Arellano es poeta y crítico literario mexicano nacido en 1976. Ha publicado, entre otros, los libros Erradumbre, De pájaros raíces el deseo, Plexo y Bonzo. El ensayo escrito por Arellano para el blog de Satakielikuukausi, Las Granadas de Lozano, está compuesto de tres partes de las cuales en este blog aparece la segunda.
El ensayo completo: Las granadas de Lozano – Luis Alberto Arellano

Las granadas del Lozano (fragmento)

La mano magnífica de Carlos Chávez me lleva a pensar algunas cosas sobre la traducción. Sé que son preguntas que llevan entre nosotros mucho tiempo, pero, al estilo de Borges, me interesa más la verdad que se esconde en ellas que la novedad que representen. Pienso primero en qué es aquello a lo que podemos llamar Traducción. Jakobson distingue, en un estilo muy esquemático, entre tres tipos de traducción: equivalencias o aproximaciones dentro de una misma lengua; el paso de las experiencias no verbales a una construcción verbal; y por último, el intercambio entre lenguas distintas. Steiner no se aleja mucho de este planteamiento, pero en vez de verlo como actividades separadas coloca a la traducción como el centro de las actividades lingüísticas del ser humano: constantemente estamos traduciendo y llevando de un ámbito no verbal a uno verbal sensaciones y sentimientos. Constantemente nos enfrentamos a un proceso de selección de palabras que parte necesariamente de una ponderación entre distintos vocablos para ajustar nuestro pensamiento a nuestra expresión verbal. Y en consecuencia, podemos, estamos familiarizados, emprender la traducción entre lenguas porque es un proceso que nos es conocido desde siempre.

            Ambas posturas rodean un problema que está en el centro de sus reflexiones, ¿qué es lo que se hace cuando se traduce? ¿Qué es lo traducible de una lengua a otra, o más aún, qué es lo traducible de un texto a otro?

            Pienso en dos cosas previas, que tienen que ver con mi práctica y que podrán parecer chocantes, pero a mí me parecen una declaración de principios sin la cual el problema se desborda y es imposible de encarar. En primer lugar, hablar de traducción significa hablar de traducción literaria. Es decir, de la necesidad de trasladar un texto literario, con todo lo que eso implica, a otra lengua que aquella en la que fue escrito originalmente. En segundo lugar, y como consecuencia necesaria de la primera premisa, toda traducción literaria es necesariamente una recreación.

            Es por estas dos ideas que las aproximaciones más interesantes para mí vienen de Walter Benjamin y Jorge Luis Borges. Por un lado, Benjamin recurre a la mística judía para hablar de un lenguaje primordial que se ha visto fragmentado en las distintas versiones idiomáticas que hablamos. De ahí que todo acto de traducción esté condenado al fracaso, porque no hay equivalencias entre las lenguas, sino que más bien todas son partes de un solo entramado. La idea más interesante que transmite Benjamin es que la traducción, fallida siempre, compromete una cierta violencia con el lenguaje de arribo. Que la lengua que recibe el texto traducido no puede alojarlo de una manera pasiva, porque no alcanza para cubrir la experiencia del idioma previo. Y por tanto, debe forzar al idioma de arribo a estirarse, a torcerse, para poder admitir un texto traducido. No sé si esto sea verdad, pero es claro que cuando uno traduce un poema lleva en sus manos esa tentación de no atender del todo a las reglas gramaticales de su lengua. Y no por desconocimiento, sino porque evidentemente no son suficientes para decir lo que el poema dice. Así, pues, al menos en mi versión, es necesario recrear el poema en un idioma que no necesariamente es completamente el que lingüísticamente señalamos como nuestro. Es decir, que traducir a Linh Dinh (por dar un ejemplo) al español, es más bien rehacer los poemas de Linh Dinh en una lengua que no es del todo el español que conocíamos antes de este autor, pero que es lo suficientemente familiar para que podamos leerlo sin dificultades.

            En este punto entronca la versión de Borges, admitiendo que a pesar de que hay traducciones que privilegian la forma del texto, y otras que privilegian el sentido, ambas fallan si no admiten que se trata más bien de una versión. Es decir, que la traducción en un sentido acabado y completo es imposible y que debemos conformarnos con versiones, recreaciones, de los textos originales en la lengua de arribo. Ambas ideas consuelan y a la vez alientan. No es posible tener un método único de trabajo para todos los textos que queramos traducir, sino que debemos plantearnos estrategias que estén acordes con el tipo de recreación que queramos realizar, sabiendo de antemano que es una entre varias posibilidades y no necesariamente la más deseable.

 

Luis Alberto Arellano: Las granadas de Lozano

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